Enseñar matemáticas implica que los alumnos se enfrenten a desafíos y cálculos que les ayudarán a resolver problemas en el día a día. No obstante, no a todos los estudiantes les sirve el mismo método de aprendizaje: hay que tener en cuenta factores como su proceso madurativo, el entorno socio-familiar o su capacidad de concentración.

Tradicionalmente las matemáticas se han aprendido de manera dogmática, ese ‘de memoria’ que obligaba a retener información como una retahíla de datos que son así ‘porque sí’, como sucede en el caso de las tablas de multiplicar.

En los últimos años han surgido diferentes métodos de enseñanza que motivan el empoderamiento de los alumnos, quienes pasan a ser protagonistas y adquieren el poder de su propia formación.

Estas técnicas, a su vez, se caracterizan por emplear objetos elaborados con materiales naturales; juguetes sencillos a la vez que llamativos y atractivos que incentivan la creatividad durante su uso.

Os contamos tres de estos métodos que fomentan la autonomía de los niños y niñas durante el proceso de aprendizaje de esta materia; tan odiada por muchos estudiantes.
Método ABN

Jaime Martínez Montero es el impulsor del método ABN (Abierto y Basado en Números) que nace de la necesidad de hacer más motivadoras y sencillas las matemáticas. Se caracteriza por enseñar a los alumnos que es posible obtener la solución correcta a través de diferentes vías, sin una determinada regla que lo estructure todo. De este modo, los estudiantes pueden componer y descomponer los números libremente, y de forma individual, logrando así que incorporen estrategias de cálculo mental desde su propia experimentación. 

Es una forma sencilla de que el alumnado interiorice sistemas más complejos de manera natural, aumentando la capacidad de resolución de problemas.

Como no hay una sola forma de resolver un cálculo, ya que cada alumno elige cómo hacerlo, se evita que muchos estudiantes pierdan el ritmo de la clase, lo que suele suceder en el sistema tradicional cuando uno no está al mismo nivel que el resto de sus compañeros. También se potencia la creatividad, ya que llegan a crear nuevas operaciones para simplificar sus procedimientos.


​Método Singapur

Esta metodología se ha expandido a lo largo del mundo durante los últimos años debido a las altas calificaciones de los alumnos de Singapur en las pruebas PISA.

Los niños están capacitados, desde edades tempranas, para sumergirse en el mundo de las operaciones matemáticas. El problema aparece si aprenden únicamente mediante memorización, sin desarrollar una comprensión conceptual de la materia.

El Método Singapur anima a los alumnos a interactuar con objetos cotidianos, fotografías y símbolos para resolver problemas.  Se conforma en base al enfoque CPA: concreto, pictórico y abstracto. 

En la ‘fase concreta’ se manipulan los objetos, fotografías y símbolos. A continuación, en la ‘fase pictórica’ se representan mediante dibujos esos conceptos para plantear los problemas. Una vez los estudiantes han superado estas etapas con soltura, comienza ‘la fase abstracta’, que consiste en realizar las representaciones abstractas tales como números o símbolos.

Método Waldorf

La pedagogía Waldorf se caracteriza por fomentar el desarrollo de cada niño en un entorno cooperativo, en el que los alumnos pasan a ser sujetos activos de su propio aprendizaje.

Es un método autocorrectivo, en el que van descubriendo las diferentes soluciones a un mismo problema, autoevaluándose, desarrollando su intuición y lógica. 

Durante los primeros siete años de vida, las personas somos grandes experimentadoras e imitadoras y necesitamos disfrutar de libertad de movimiento. En torno a esa idea, la metodología Waldorf integra actividades que inciden en el movimiento, el ritmo, las imágenes geométricas y el lenguaje oral. De este modo, los menores son capaces de ‘sentir’ las matemáticas y aprender habilidades fundamentales relacionadas con esta materia. 

Lo más interesante es que los niños y niñas viven su proceso de aprendizaje como un juego, resolviendo los retos como una intuición interna que se les hará más comprensible y que podrán proyectar al exterior, estimulando su pensamiento crítico y autonomía.