La actriz Hedwig Kiesler flota desnuda en el río, desinteresada, ausente. Era 1933 y ‘Éxtasis’ se convertía en la primera película en mostrar el orgasmo femenino en la gran pantalla. Dirigida por el cineasta checo Gustav Machaty, este film fue uno de los más censurados de la historia del cine.

A esta artista todavía le faltaba vivir el rechazo de su familia, un matrimonio forzoso, una guerra y una fuga para cambiarse el nombre por el de Hedy Lamarr. Considerada por aquel entonces ‘la mujer más hermosa del mundo’, fue además ingeniera e inventora, patentando la tecnología del ‘salto de frecuencia’, método que actualmente se emplea para los sistemas de posicionamiento por satélite, como el GPS, y que posibilita la existencia del Wi-Fi.

Del ‘Éxtasis’ al infierno

Hedy Lamarr nació en Viena el 9 de noviembre de 1914 como Hedwig Eva Maria Kiesler. Fue la única hija de un banquero de Lemberg y una pianista de Budapest. En el colegio sus profesores la consideraban superdotada, pero su sueño era ser actriz y aparcó sus estudios de ingeniería para dedicarse al arte dramático.

En 1933 protagonizó ‘Éxtasis’, película que la llevó al estrellato y al declive vital. Filmada en Checoslovaquia bajo la dirección de Gustav Machaty, fue pionera por mostrar el rostro de una mujer durante un orgasmo, escena que condenó al largometraje a la censura y en consecuencia a la prohibición de su proyección.

Los padres de Hedwig, al ver a su hija desnuda en la pantalla, quedaron horrorizados. Fue entonces cuando un magnate de la industria armamentística, Friedrich Mandl, acordó con sus padres un matrimonio de conveniencia y fue prometida en contra de su voluntad e ignorando sus deseos de seguir adelante en su carrera artística.

Durante años Lamarr vivió un infierno junto a su marido, un hombre celoso que no la dejaba sola ni a sol ni a sombra, siempre bajo vigilancia y forzada a acompañarle a todos los actos sociales para poder controlarla mejor. Cansada de verse como un trofeo y aburrida de una vida limitada y repleta de prohibiciones, decidió retomar sus estudios de Ingeniería y aprovechó las reuniones de trabajo de su marido para recopilar información sobre la última tecnología armamentística nazi. Su marido era uno de los hombres más influyentes de Europa y, antes de la Segunda Guerra Mundial, se dedicó a proveer arsenal a Hitler y Mussolini.

Años más tarde cedería todos sus conocimientos a las autoridades americanas en beneficio de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. 

Huida a Estados Unidos

Estando Mandl en un viaje de negocios, Hedy escapó por la ventana de los servicios de un restaurante y huyó en automóvil hacia París. Vendió sus joyas y logró llegar a Londres para embarcarse en el trasatlántico Normandie con destino Estados Unidos. Durante su viaje coincidió con el productor Louis B. Mayer con quien firmó, antes de llegar a puerto, un contrato de siete años con una nueva identidad: Hedy Lamarr. Había nacido una de las estrellas más icónicas de los años 30.

Protagonizó una treintena de películas y rechazó papeles en proyecciones como ‘Casablanca’. Compartió pantalla con actores como Charles Boyer, Clark Gable o Spencer Tracy.

Hedy Lamarr la inventora

En plena Segunda Guerra Mundial, los alemanes ganaban terreno frente a las fuerzas polacas y francesas y Gran Bretaña estaba en el punto de mira del ejército nazi.

Lamarr conocía de cerca las prácticas de gobierno alemán, por lo que decidió aportar su contribución personal al esfuerzo de guerra de los aliados.

Diseñó para ello un sistema de telecomunicación que impedía a los alemanes captar los mensajes de radio del ejército americano, desconociendo así la trayectoria de los torpedos. Lamarr se dio cuenta de que las señales de radio por las que se enviaban las órdenes de ataque eran muy vulnerables y fáciles de interceptar.

Inspirada en un principio musical y con la ayuda del compositor George Antheil, concibió un método de codificación de transmisiones que dificultaba el descifrado de los mensajes. Emitiéndolos de forma fraccionada en pequeñas partes, alternando cada parte en diferentes frecuencias y siguiendo un patrón pseudoaleatorio, los tiempos de transmisión eran tan cortos y además estaban espaciados de forma tan irregular, que era prácticamente imposible que los alemanes recompusiesen el mensaje sin conocer el código de cambio de canales.

Este sistema es lo que actualmente se conoce como ‘espectro ensanchado por salto de frecuencia’ o, como Lamarr y Antheil lo llamaron, ‘Sistema Secreto de Comunicación’, en el que se basan todas las tecnologías inalámbricas que disponemos en la actualidad como la tecnología Wi-Fi o Bluetooth.

En 1997 ambos recibieron el Premio a la Innovación ‘EFF Pioner Award’ de la ‘Electronic Frontier Foundation’, otorgado a aquellas personas cuyos logros personales en las artes y ciencias hayan contribuido significativamente a la sociedad.