En el post de hoy, recopilamos la historia y trayectoria de cinco mujeres cuyas aportaciones y hallazgos han marcado un antes y un después en la historia de la ciencia en España; porque a pesar de que ha sido un ámbito históricamente asociado a los hombres, la realidad es que la brillantez científica no entiende de géneros. 

 

Margarita Salas

 

Nacida en el año 1938 en Asturias, se convirtió en la mayor figura impulsora de la investigación en bioquímica y biología molecular en España. En 1967 emigró a Estados Unidos junto a su marido, también investigador, donde se convirtió en la discípula del Premio Nobel Severo Ochoa. Durante toda su carrera se dedicó a estudiar las reacciones químicas que se producen dentro de las células, alcanzando la cumbre de su trayectoria al crear una de las patentes españolas más relevantes hasta la fecha: la enzima ADN polimerasa, una proteína que interviene en el proceso de replicación del ADN y que es esencial en el desarrollo de la genética, biomedicina e ingeniería genética. 

 

María Blasco

 

La bióloga nacida en Alicante en el año 1965 se formó bajo la tutela de Margarita Salas. Centró sus investigaciones en el estudio de los telómeros: extremos de los cromosomas cuya longitud está relacionada con el envejecimiento, el fallo celular y el cáncer. La investigadora no solo se ha sido prolífica en la publicación de cientos de artículos científicos en las revistas más importantes, sino que también ha tendido su mano a la divulgación entre el público general, apareciendo a menudo en programas de televisión de divulgación científica tanto en España como en el extranjero. Actualmente, Blasco está a la cabeza del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, uno de las instituciones científicas españolas más reconocidas a nivel internacional.

 

Rosa Menéndez

 

Química de formación y natural de Cudillero, se ha convertido en la primera mujer en la historia que ha presidido el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el órgano público que aglutina a todos los científicos de España. En sus labores de investigación, Menéndez se ha enfocado en el estudio de grafeno y en cómo encontrar aplicaciones concretas para este versátil y complejo material. Como presidenta del CSIC, se enfrenta a múltiples desafíos para hacer que este organismo satisfaga en mayor medida las solicitudes y anhelos de la comunidad científica española, al que culpan de una excesiva burocracia y una falta de financiación a la investigación.

Elena García Armada 

Es ingeniera y la responsable de la creación del primer exoesqueleto para niños, diseñado para ayudar en su vida cotidiana a millones de pequeños que en todo el mundo padecen parálisis cerebral, espina bífida u otras enfermedades neurodegenerativas o lesiones medulares. Nacida en 1972, se doctoró en robótica en el año 2009 en la Universidad Politécnica de Madrid, centrando su carrera en el diseño de robots orientado a la industria. Y así fue hasta que conoció a Daniela, una niña que quedó en avanzado estado de tetraplejia tras un accidente de tráfico. Fue entonces cuando decidió fundar Marsi Bionics, ​empresa derivada del CSIC y la UPM, cuyo objetivo es la investigación y creación de exoesqueletos pediátricos. A día de hoy, su proyecto más destacado y premiado ha sido ATLAS 2020, un exoesqueleto de 9 kilogramos de peso capaz de controlar la rigidez mientras permite un movimiento más ágil y articulado mediante sus diferentes sensores de fuerza, presión y temperatura. 

 

Gabriela Morreale

 

A pesar de nacer en Italia, desarrolló su labor investigadora en España. Su gran fama viene dada por ser la creadora de la prueba del talón, que se realiza comúnmente en España a miles de recién nacidos de forma sistemática para prevenir carencias nutricionales que puedan dar pie más adelante a problemas de desarrollo físico y mental. Morreale desempeñó principalmente su labor en el área de endocrinología, dedicando y centrando su vida investigadora a estudiar cómo la carencia de yodo afecta a la salud de las personas, hallando relación entre la falta del mismo y problemas de salud como la tiroides o el bocio. A pesar de que parezca un descubrimiento más, se trató de un hito de gran importancia en España ya que, debido al tipo de suelo, los alimentos eran especialmente bajos en yodo. Así, consiguió convencer a las autoridades de que sería beneficioso yodar la sal común; esto explica que a día de hoy, la mayoría de la sal que se compra en supermercados y consume en restaurantes en España, aparece como “sal yodada”.